EVOLUCIONAMOS O MANIFESTAMOS UN VIVIR.
CINCO PUNTOS DE VISTA PARA UN MISMO RETO
Al percatarnos de lo descrito hasta aquí en las entradas anteriores, percibimos que en lo creado, el hecho de la extrapolación con permanencia constante de lo que es, se produce por acto de manifestación, por creación de sí mismo en formas.
Como manifestación a través de las apariencias, expresamos a cada momento y sin darnos cuenta lo que es vivir, pero no como crecimiento sino como manifestación.
Ahorita vale la pena poner un profundo esmero en la constata de lo siguiente para discernir entre un manifestar y un crecer. Es crucial.
Es de advertirse que cuando vivimos por lo que crece inevitablemente hay un pasado y un futuro, ya he dividido; soy diferente del de antes. Si a eso le damos el valor de ser, el que crece ocupa el lugar del presente, pero no lo es.
Fijémonos, se vive como presente, pero ineludiblemente separa el antes del después y eso le delata y al estar identificados con el que cree que crece, lo vivimos como que constantemente ya se nos ha escapado el presente y seguimos, bien en el pasado bien en el futuro.
Y es que, de seguir viviéndonos así, se nos seguirá escapando el presente. Eso se repite una y otra vez, figura en lo personal y en los anales de nuestra historia. Lo seguimos viviendo como si fuese algo a coger o a llegar y no es así, es algo a aprender a vivir aparte y además del estratega con sus estrategias.
Y es que para "ese", el que cree que crece, aparte de su epopeya por querer ser, se desvive por querer ser él, no por querer realmente ser y además quiere que le sigas como creyente, y a la vista está que nos dejamos arrastrar por el magnetismo que conlleva.
Y, en lo habitual, ocurre que cuando uno se vive como que crece, el que vive es el que cree que crece, el que anda hacia, el que transita y evoluciona y así actuamos como lo hacemos. Cuando uno vive como expresión de una manifestación, ni cree ni crece, expresa a cada momento un vivir a través de lo que transparenta.
El ejemplo lo tenemos cuando miramos cómo conviven los diferentes reinos de la Naturaleza con sus sinergias y nosotros somos y formamos parte de ella.
Parece ser, que cuando no se vive así, se corre el riesgo de entronizar un creer que nos impide un ver, en vez de expresar a nuestro través un impulso, un amor, una inteligencia latente en nosotros por propia naturaleza de ser.
Ese podría ser un ético reto. El ser humano en convivencia con las sinergias de las que somos partícipes como emanaciones de la naturaleza. Sería la expresión de la vida en el sentido de interrelacionar con lo que vive a nuestro entorno.
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Al mismo tiempo, como el creer sólo existe mientras no se sabe, y tampoco el origen ni la finalidad del creedor, quiere decir que el que cree ignora lo que es. Si no lo ignorase no haría falta el creer y el ser humano no se hubiera dado como talmente figura.
La autenticidad está en ser, no en el parecer, no en lo que se cree por identificación inadvertida con lo creído de ser.
Aquí tenemos desde otro enfoque el mismo ético reto. El ser humano como instrumento a afinar de esa naturaleza en aras al descubrimiento de lo que es. Sería la expresión de la vida en el sentido de verticalidad, hacia arriba y hacia abajo.
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Por otra parte, tenemos que el que cree de nosotros se hace su verdad, así suplantamos lo que somos por lo que creemos ser. De aquí surge, por un lado “el soy” en función de lo que creemos y que inadvertidamente lo damos por hecho. Por otro lado, surge el deseo de “Permanencia” en descubrirse como realidad, seria el deseo de desmontar la tramoya venida del creer.
Así es como hemos llegado a vivirnos, es decir: por un lado el que cree, por otro, el deseo de descubrir lo que hay más allá como impulso que motiva el creer y por supuesto, el campo de acción en que ello tiene lugar. Ese campo es por donde nos movemos en nuestro existir mientras no se encuentran los dos primeros del apartado anterior. Estos dos primeros, repito, son por una parte lo que creo de mi que me separa y no soy consciente, por otra parte, el innato deseo de descubrir lo que me une más allá del constructo que he creído ser.
Ese campo de acción donde habita nuestro existir es el diferencial entre ese creer y la probabilidad de no ser eso, es decir, esa diferencia de potencial es entre un creerse ser por identificación y el desapercibido e innato deseo de ser que nos impulsa y nos lleva.
Aquí radica el mismo ético reto: ir hacia un objetivo, sea para alejarse de si como creencia de ser, sea para acercarnos a lo que somos. Seria la expresión de la vida en el movimiento hacia adelante y hacia atrás.
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También es de observar en el ir practicando, que acompañados de la respiración con la atención puesta en ella y en el que cree o necesita creer, sea lo que fuere en el ámbito que fuese, se desvanece como identificación con lo creído.
Esto es constatar lo que uno/a no es, y de esta constata queda el que respira. El que lo creía y lo que se creía en ese instante se han disuelto para él. Y así sucede que se da un mismo límite para ambos. Para el que se lo creía y para lo creído.
Explicación:
El que cree sólo habita en su terreno y si por ejemplo se construye una casa inglesa, su recorrido sólo puede llegar hasta el final del patio de la misma; no va más allá, ni puede; ese es su campo y su límite. Si lo intentase se desidentificaría e iría contra sus propios intereses y por eso no lo hará. Ese límite-horizonte sólo puede ser traspasado por el que está en uno y en lo otro, y ese es Vd que esta leyendo, usando de la respiración.
Y ese es el mismo ético reto desde otra posición. Lo continuo es como una cuerda que nos rodea en la que se ha hecho nudos y vamos deshaciéndolos en diferentes puntos de la misma. Seria la expresión de la vida en el sentido de girar y torcer para hacer y deshacer.
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Y para finalizar el reto de la vida desde una quinta perspectiva en el mundo que nos hemos hecho nuestro y en el cual nos vivimos, ocurre que lo transitorio acaba y es que todo movimiento que puede ser conocido tiene su término. Es temporal.
Para advertirnos del que transita y de lo transitable sería:
- Al igual que el silencio contiene todo ruido, y cuando acaba el ruido, el silencio continúa.
- Al igual que la ausencia de ruido contiene todo lleno, y cuando acaba lo lleno, el vacío continúa.
- Al igual que el ver, contiene todo lo que pueda verse, y cuando acaba lo visto, el que ve será visto.
De igual forma hay algo que comunica todo ello y permanece. Es el vivir en comunión. Y es así porque en el ser no hay posibilidad de no ser; es en la forma que coge el creer e ilusionar que tiene posibilidad de no serla.
He ahí el mismo ético reto desde otro prisma diferente. Sería la expresión de la vida en el movimiento múltiple hacia dentro y hacia fuera. A parte de ello se da el transmitirse en geometrías simétricas o fractales de auto similitud en diferentes órdenes de cosas.
Y van cinco. Cinco ópticas para un mismo reto, cinco enfoques diferentes para el encuentro de un mismo Impulso y poner rumbo a sí mismo.
Para concluir ese apartado se señala lo siguiente.
Como expresión, nos solemos vivir como parte de lo manifestado. Como manifestación existimos como parte de lo creado. Cómo creados nos apreciamos separando el antes y el después. Como no creados somos antes de toda cosificación sin concepción de pasado, presente o futuro. Simplemente somos y vivimos a través de lo que se expresa.
Lo continuo, lo somos antes, ahora y después. Engloba y contiene toda creación, así como a todo ser creado que se viva separando el antes, el ahora y el después. Cuando uno va dejando de vivirse como que crece, va siendo consciente de que lo inacabable está ahí expresándose a través de las creaciones y sus contenidos.
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