El Viaje bajo el paraguas del Condicionamiento
Aunque los términos "YO" y "EGO" no se mencionen explícitamente en ese blog -por darse como implícito-, se alude a ellos constantemente en nuestro viaje, el cual ocurre bajo el paraguas del condicionamiento
humano.
Desgranar lo abstracto para revelar lo invisible
Ambas expresiones, se desgranan y simplifican lo más posible, dándoles el máximo valor e hincapié en ese Blog, para ser
utilizadas como medio de expresión para lo no visible a simple vista.
Más allá de la construcción aprendida
Si bien un estado de silencio y de paz puede surgir como revelación instantánea y espontánea en cualquier momento, es crucial apreciarnos no sólo por los valores aprendidos a lo largo de la historia humana, sino al emerger lo innato al ser desvelado.
Una aproximación personal
A petición de unas personas y desde una óptica personal, detallo brevemente aquí, algunas diferencias entre ambos términos
El YO como configuración dinámica
El "yo" puede entenderse como la entidad que cada persona configura a partir de todo aquello con lo que se identifica. Lejos de ser una esencia fija, el yo opera como una estructura dinámica de apropiaciones.
La mecánica de la identificación
Esta estructura se forma con aquello que nos resulta más atractivo, más temido o más significativo; elementos que acabamos integrando como si fueran “nuestra identidad”. Desde esta perspectiva, el yo no es una substancia, sino un proceso vibratorio que se adhiere a las experiencias, imágenes, expectativas y narraciones que le confirman su continuidad en el tiempo.
El mecanismo de quien busca y quien pregunta. La fortificación de la imagen ideal.
Lo que comúnmente llamamos “yo” está constituido, por un conjunto de creencias de ser que él mismo elabora y sostiene. Estas creencias se forjan bajo la convicción de que debemos crecer o evolucionar para “llegar a ser” lo que creemos que somos. En realidad, tales estructuras operan como mecanismos de fortificación de una imagen idealizada de él mismo. Esta es, a mi entender, la raíz de la confusión.
La proyección del miedo y sus entidades
El origen de este intrincado proceso reside en el desconocimiento del miedo y de sus proyecciones. A partir de esa falta de comprensión, conceptualizamos nociones como “realización” y generamos la idea de una instancia creadora externa -un principio absoluto o una entidad superior- a la que atribuimos la creación del yo y del universo.
El YO en el campo de lo creado: un contenido más, no una necesidad
Desde ahí surge la vorágine interpretativa que llamamos “universo interior y exterior”, un escenario donde el "yo" se percibe bien como protagonista o autor, bien como espectador ora de lo no conocido conscientemente ora de lo inconcebible para él. Sin embargo, en un sentido más profundo, el yo no es más que una vibración operativa dentro del campo de lo creado: una opción más entre otras posibles de situarse en la existencia. Podemos instalarnos y vivirnos en él -y así suele ocurrir-, pero su naturaleza vibracional es la de un contenido más en el espacio-tiempo del Sinfín, el cual, no podemos dejar de ser más allá de lo conocido.
La relación práctica con el yo: herramienta, no dueño
Para ir finalizando, el yo es una configuración funcional muy útil, siempre susceptible de ser observada, de que su conformación de hábitos sea trascendida o de ser resignificada en su haber y deber como herramienta con la que podemos trabajar de manera consciente.
EGO: el guardián de la entidad construida: el mecanismo de supervivencia
En términos generales, el ego puede entenderse como el conjunto de operaciones psicológicas y comportamentales destinadas a mantener la continuidad y estabilidad de la entidad que llamamos “yo”. Esta función ha sido ampliamente descrita en tradiciones filosóficas, psicológicas y contemplativas.
En palabras de Carl Gustav Jung,
“El "El ego es el centro del campo de la conciencia, pero no es la totalidad de la psique.”
(Aion, 1951)
Desde esta perspectiva, el ego no es “malo” ni “equivocado”: es simplemente el mecanismo encargado de asegurar la permanencia del yo narrativo, es decir, la historia que contamos sobre nosotros mismos.
Ejemplo fenomenológico: Alguien critica tu trabajo. Antes de evaluar si la crítica es justa, la reacción inmediata puede ser de molestia, defensa o ataque, o retraimiento. Esa reacción automática no la decide tu ser profundo; la decide el mecanismo que intenta proteger la entidad que crees ser.
La dependencia vital del ego. El ego carece de vida propia
No existe como entidad autónoma: funciona como una extensión del "yo" alimentándose de la energía, atención y creencias que ese "yo" sostiene y hará todo lo posible para que éste del cual depende, perdure el máximo tiempo cronológico hasta su final.
Esta idea está presente en múltiples tradiciones desde la antigüedad.
Dos exponentes del siglo pasado lo expresan así:
-
David Bohm:
“El ego es una imagen que se mantiene a través del pensamiento; sin pensamiento no puede persistir.”
-
Krishnamurti:
“El ‘yo’ es un movimiento del pensamiento que se auto perpetúa.”
La existencia del ego depende por completo de que sigamos identificándonos con la historia que hemos construido.
Ejemplo fenomenológico:
Cuando una parte de tu entidad edificada deja de ser relevante —como “ser estudiante”, “ser pareja de alguien”, “ser profesional de X”— el ego experimenta pérdida, vacío o amenaza porque su base se derrumba.
El Origen del poder del ego: La cesión de autonomía
El poder del ego no es intrínseco.
Surge cuando cede autonomía al identificarse con la entidad construida. Sólo posee la fuerza que le otorgamos según nuestra identificación con el "yo". El ego se construye a partir de todo lo que hemos fabricado y absorbido en tanto que entidad a la que nos identificamos.
Como dice Eckhart Tolle:
“El ego no es más que una ficción sostenida por la atención que le damos.”
La identificación es la “llave energética” que da vida al mecanismo.
Ejemplo fenomenológico:
Un insulto solo afecta cuando lo tomamos como personal. Si no hay identificación, no hay daño y su valor como significado desaparece. La fuerza del ego aparece únicamente cuando creemos ser aquello que está siendo amenazado.
La relación esencial (Yo vs. Ego): La creencia y su manifestación
Así, la distinción crucial podría expresarse así: el "yo" es el conjunto de creencias sobre quien considero que soy; es la identificación misma con lo que confiamos ser. El "ego" es la manifestación concreta y activa de esas creencias que supongo ser. La expresión del ego depende de los constructos que las forman y del grado de adhesión que les tenemos.
En términos simples:
El "yo" es la identificación.
El "ego" es la reacción que surge para protegerla.
La consecuencia en la personalidad: la suplantación y su derivación
En otras palabras:
el "yo" es una aparente identidad suplantada - aquello que erróneamente tomamos por nuestro ser verdadero -. El "ego" es el conjunto de respuestas que se desprenden de esa identidad falsa: carácter, hábitos, modo de defensa y ataque, formas de relación, comportamientos y conductas; en definitiva, todo aquello que configura una personalidad.
Como afirma Ramana Maharshi:
“El ego es un pensamiento que surge para apropiarse de la autoría.”
Ejemplo fenomenológico:
Un individuo tímido puede negar oportunidades profesionales porque su "identidad" “soy tímido” se ha consolidado. El ego protege esa identidad evitando el riesgo de una experiencia que la contradiga.
La pregunta umbral: La evidencia y su interrogante
Al evidenciar el mecanismo de ese
conjuntado -la dinámica entre el "yo" y el "ego"- surge de forma inevitable una pregunta clave y decisiva que debe ser respondida:
¿Quién actúa, habla, reacciona y decide cuando no estoy plenamente consciente?
¿QUIÉN VIVE POR MI?
Esta pregunta ha sido central en la fenomenología existencial. Ejemplo:
Heidegger:
"El Uno, como autoría de lo que uno hace” (das Man o la gente) vive por nosotros cuando no vivimos auténticamente (Da sein). (Ser y Tiempo)
-
Sartre:
El yo es “una construcción para ocultar nuestra libertad radical”.
Plantear esta pregunta no es filosófico: es práctico.
Es el punto de inflexión entre vivir reactivamente o conscientemente. Es la interrogante que define el arte de un viaje y de una vida.
Destacar que, -desde el lugar único en el que cada un@ nos vivimos- si quisiéramos imbuirnos en el arte de la búsqueda, hacia el encuentro de una respuesta y ser más conscientes de ese movimiento espontáneo, genuino y natural, no tiene nada de fácil. Siempre están, si llegamos a ser conscientes, esos atisbos, ensimismamientos, vislumbres de intemporalidad que nos orientan y acompañan en nuestro día a día. En estos senderos resulta invaluable distinguir dos fases esenciales y ser consciente de ellas:
Las dos fases esenciales del camino de discernimiento
PRIMERA FASE: Relación con la entidad construida. Discernimiento claro
- En una primera fase, es importante aprender a relacionarnos con lo que creemos ser, es decir, VER, RECONOCER, ACEPTAR Y ACTUALIZAR EL POTENCIAL, en cuanto a las fabricadas creencias que hemos construido y se haya configurado a lo largo de la historia que nos hemos contado y hecho nuestra; a la par, aprender a comunicarse lo más auténtica y sinceramente posible con "los
demás" desde una comprensión más amplia.
-
Ver con claridad las creencias que conforman al yo.
-
Reconocer su origen condicionado.
-
Aceptar su presencia sin rechazo.
-
Actualizar el potencial al comprender su función adaptativa.
-
Psicología Humanista (Carl Rogers): Identificación de condiciones de valía.
-
Mindfulness: observación no reactiva del yo conceptual.
-
Budismo: comprensión de sankharas (formaciones mentales).
Ejemplo fenomenológico:
Alguien nota que se irrita siempre frente a figuras de autoridad. En vez de justificarse (“soy así”), empieza a explorar "de dónde" viene esa narrativa y cómo opera en su vida.
SEGUNDA FASE: advertirse de las creencias
limitantes y trascender los diálogos internos
- Y en una segunda fase, el advertirnos de lo que sucede con
las creencias limitantes y los diálogos internos. Se trata de percibir que no son más que una extensión de la entidad construida, una voz que, en esencia, desconoce por completo su realidad.
Se trata de comprender que las creencias y diálogos internos son:
-
Extensiones de la entidad construida,
-
Mecanismos automáticos de la formación yo-ego,
-
Interpretaciones condicionadas,
-
Y no fidelizan al ser que somos.
Como escribe Byron Katie:
“No son los pensamientos los que causan sufrimiento, sino creer en ellos.”
La Realidad, entendida como el campo no conceptual del ser, no tiene creencias, no narra historias y no requiere protección.
Ejemplo fenomenológico:
El pensamiento “no soy suficiente” se percibe como una voz que habla por hábito; ya no es tomado como verdad. La persona actúa desde un espacio más amplio que el condicionamiento.
La Naturaleza de las construcciones: La
ilusión del sostenimiento
De hecho, ambos -"yo y ego con sus distintas variantes"- existen y persisten mientras los mantengamos y otorgamos una credibilidad inadvertida con nuestra energía y atención por descuido o desconocimiento. Tal como se ha dicho, ambos "yo y ego" carecen de vida propia "per se"; su existencia predominante, amén de los imponderables, depende de nuestro sostenimiento.
El yo y el ego existen sólo mientras se sostienen mediante:
-
Atención,
-
Energía,
-
Repetición,
-
Y falta de discernimiento con comprensión.
Como señala Douglas Harding:
“El yo es un hábito de mirar desde afuera aquello que solo puede vivirse desde adentro.”
Ambos -yo y ego- carecen de vida propia:
su continuidad depende de que sin darnos cuenta los sigamos alimentando.
Ramana Maharshi:
“El ego es un pensamiento; conoce tu ser y el ego desaparecerá.”
Heidegger, Ser y Tiempo:
“La inautenticidad consiste en dejar que el Uno (das Man o la gente) viva por nosotros.
Neurociencia contemplativa
- Antonio Damásio, (actual): El sentimiento de lo que ocurre:
- “El yo narrativo es una construcción que organiza la experiencia.”
-
Richard Davidson, (actual):
“La entidad es modulable; el cerebro refleja aquello en lo que repetidamente nos detenemos.”
Filosofía contemporánea del yo
-
Thomas Metzinger, (actual) en Being No One:
“El yo es un modelo que el cerebro genera; no hay nadie dentro que lo posea.”
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